LA TARUMBA RECIBIÓ RECONOCIMIENTO DEL CONSEJO REGIONAL - TRUJILLO ES HOY

viernes, 28 de octubre de 2022

LA TARUMBA RECIBIÓ RECONOCIMIENTO DEL CONSEJO REGIONAL

El prestigioso grupo nacional de teatro La Tarumba, consolidado como modelo de emprendimiento y gestión cultural, fue distinguido por el Consejo Regional de La Libertad con la Orden César Abraham Vallejo Mendoza. La condecoración oficial fue recibida por su director artístico Fernando Zevallos Villalobos.    

 

El reconocimiento fue entregado por el gobernador Manuel Llempén Coronel y el presidente del Consejo Regional, Gonzalo Rodríguez Espejo, a propuesta del consejero David Calderón de los Ríos -presidente de la comisión ordinaria de Condecoraciones, Distinciones Especiales y Actos Protocolares-, en mérito a su reconocida trayectoria y valiosa contribución a la educación y la cultura a través del arte circense como eje transformador de cambio en el país.

 

Al intervenir, Llempén dijo que fue uno de los primeros espectadores de “Eterno”, el nuevo espectáculo que La Tarumba trajo a Trujillo, destacando la alta calidad de los artistas en general y de todo el equipo responsable del desarrollo del espectáculo. “Hubo de todo, trapecistas, malabaristas y humor. La magia del circo no devolvió a la niñez”, dijo.

 

Fernando Zevallos Villalobos, fundador de La Tarumba, tiene formación autodidacta; se inició como actor y director de teatro a muy temprana edad. La Tarumba la creó el año 1984, a partir de un sueño compartido y motivado en la construcción de un Perú mejor. Junto a un grupo de jóvenes artistas iniciaron esta aventura con la convicción de la influencia del arte en los procesos de desarrollo de una sociedad.

 

A partir del estudio y la práctica del arte escénico, fueron perfilando y consolidando una propuesta artístico educativa, pionera e inspiradora, inclusiva y democrática; de identidad peruana en toda su dimensión, y a su vez, universal y contemporánea.

 

Cuando La Tarumba surge, a inicios de la década de los ochenta, el Perú vivía una creciente ola de violencia política y social; y la economía nacional, empezaba a sufrir el efecto del estancamiento de las inversiones; una realidad que impactó negativamente en el desarrollo y futuro de generaciones enteras.

 

Es por esta razón, que el público al que se dirigen, principalmente, son los niños y jóvenes, tomando el arte como un hecho transformador de esta realidad, como generador de cambio y de cadena de riqueza, promoviendo nuevos conocimientos, desarrollando innovación y creatividad, lo cual impactará positivamente en nuestra sociedad.

 

En sus primeros años, la Tarumba, centró su accionar en los sectores menos favorecidos, instalando espectáculos y talleres en calles, plazas o locales comunales, ganando pronto un lugar en la escena nacional e internacional, participando en festivales y realizando giras por Latinoamérica y Europa. La necesidad de seguir avanzando los lleva a adquirir e implementar (1992) una casa - teatro - escuela, que hasta hoy los acoge como sede central.

 

También instalaron un teatro - carpa y espacios para el desarrollo de la una escuela y aperturan “Talleres para Niños y Adolescentes”; y se pone en marcha un programa interno de “Capacitación e Intercambios” con escuelas y artistas internacionales, se crea el programa de formación de líderes y agentes de cambio “Circo Invisible” (1998), dirigido a jóvenes, para luego dar paso a la creación de la “Escuela Profesional de Circo Social” (2002).

 

Ante la ausencia de políticas públicas que incentiven el desarrollo social, cultural y educativo a través del arte, desarrollaron un propio modelo de “gestión dual”; el cual posibilita generar recursos a través de la producción y distribución de servicios; y permite invertir las ganancias de éstas en la formación de niños y jóvenes en riesgo social a través de programas tales como: “Circo Invisible”, “Escuela Profesional de Circo Social” y otros que se vinculan a emprendimientos culturales para niños y jóvenes de las zonas menos favorecidas del país.

 

Para La Tarumba no se trata solo de enseñar y aprender circo, teatro y música, sino de adquirir una filosofía de vida que dé paso a ciudadanos comprometidos y responsables, toda vez que los procesos de aprendizaje de estas artes, impactan en el desarrollo expresivo y creativo de las personas, rescatan valores como el trabajo colectivo y la solidaridad, ejercitan perseverancia y constancia, la capacidad de enfrentar miedos, medir riesgos y aceptar nuevos retos abriendo el imaginario para hacer realidad el sueño de un “mundo mejor”.




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